Caso de éxito afectada recuperada de TOC Puro

Testimonio de afectada recuperada de TOC Puro

Soy una mujer de 46 años, trabajo en un Hospital de administrativo, tengo TOC desde hace aproximadamente 15 años, desde que nació mi hijo, (esto lo he descubierto el año pasado, no sabía como se llamaba lo que me pasaba).

Mi obsesión, es mi hijo, que enferme, que le salga un bulto, que sufra, que yo no sea capaz de darme cuenta de que tiene algún síntoma de que esté enfermo, que si enferma, yo no esté a la altura, no sea capaz de soportar nada…..y así ha transcurrido mi vida con más o menos intensidad de pensamientos, pero siempre ahí, siempre en mi cabeza acorralándome.

Cuando nació, mi vida cambió tanto tanto que me descoloqué, ¡madre mía!

Que responsabilidad tan grande, un bebé que dependía de mi, de mis cuidados, empecé poco a poco con mis obsesiones, siempre iba súper limpio, súper cuidado, súper alimentado.

Todo a su hora, todo en su lugar…

Y mi cabeza empezaba a tener pensamientos continuos, siempre mismo tema, su salud, todos los días miraba su fondo de ojos, el latido de su corazón, examinaba su caca, (la cogía e iba hacia le ventana la abría y buscaba si había restos de sangre), su pipí, miraba cada lunar, cada mancha, cada poro de su piel, día tras día por si había cambiado algo, me levantaba de madrugada por si tenia manchas en la piel, he llegado a desnudarle y mirarlo mientras dormía, miraba su boca, su lengua, detrás de las orejas, en la nuca. Todo absolutamente todo, era revisado por mi.

Cuando enfermaba (nunca ha tenido nada grave ni malo, resfriados y cosas normales de la edad), mi vida se paralizaba, sólo pensar en que tenia que llevarlo al médico, hacia que mi mente no fuera capaz de reaccionar, no podía soportarlo, una simple fiebre, cualquier cosa para mi era un mundo.

Llevarlo al dentista, suponía para mi una semana casi sin dormir y sin vivir (siempre pensaba que el dentista me iba a decir que el niño tenia un bulto dentro de la boca), imaginaros dos años de ortodoncia.

Así fueron pasando los años, yo no me daba cuenta de que tenia un gran problema, mis pensamientos mandaban tanto en mi, que ni siquiera me cuestionaba que me pasaba.

Sólo quería que mi hijo no enfermara lo demás no importaba, ni yo misma.

Todo se desbocó cuando mi hijo entró en la adolescencia, con el desarrollo empezó a cambiarle cuerpo (ese cuerpo que me sabia tan de memoria), yo empecé a descontrolarme aún más, le salió lo que denominan botón mamario, lo llevé a médicos, le hicieron pruebas y no tenia nada, sólo era parte de su desarrollo.

Pero yo no me lo creía, necesitaba mirarlo, comprobar como tenia los pechos, todo el día literalmente, empezó con esto en abril, cuando empieza a estar en casa sin parte de arriba, y yo, me llevaba todo el tiempo examinando la zona, conversando conmigo misma, “¿lo tiene mas grande?”, “¿no será nada?”, “¿le ha cambiado?”, no me creía lo que me decía el médico, porque cuestionaba que se había equivocado, que a lo mejor no le hizo la prueba bien, y siempre con ese “¿Y si?”, esa pregunta maldita que estaba en mi cabeza día y noche.

Yo me sentía muy desgraciada, porque yo quería estar al lado de mi hijo, pero a la vez, descansaba cuando no estaba, porque así me alejaba de mis compulsiones.

Esto me ocasionaba tan gran sufrimiento, por una parte, el miedo de que me hijo tuviera algo, por otra, que al mirar convulsivamente los pechos de mi hijo, el con catorce años (ya no era un bebé, que podía manejar a mi antojo), ya se daba cuenta, se tapaba con el brazo los pechitos, yo sentía una gran culpabilidad, porque por nada del mundo quería y quiero que por mi trastorno, convertirlo a él, en un niño aprensivo e inseguro, una lucha constante.

Y ahí se disparó todo. Si le salía un grano, yo lo vivía como si tuviera una enfermedad terminal, no tenia otro pensamiento en mi cabeza, no me permitía estar contenta o poder realizar alguna actividad normal, he estado trabajando, y a lo mejor en algún momento sonreía e inmediatamente me decía a mi misma, como puedes sonreír, que a lo mejor tu hijo está ¡muy enfermo!.

Necesitaba que mis seres queridos, todo el tiempo me confirmaran que mi hijo estaba sano, si le veía un lunar extraño en la cara, hacia que todos se lo miraran, y continuamente les decía, ¿verdad que no es nada?. Tenían ellos que mirarlo, porque si por casualidad yo no me daba cuenta, ellos tenían que darme la voz de alarma. Claro, sin ir al médico porque por una parte me daba mucho miedo y por otra, tampoco quería llevarlo todos los días.

Estaba cada día peor, aislada completamente del mundo, era yo, mi hijo, y el pensamiento que tuviera en ese momento, un barrillo en la oreja, un bulto en la espalda….

Cualquier cosa. Aunque parezca difícil de creer, no se notaba nada de esto en mí, una mujer trabajadora (trabajo cara al público), super social, simpática, siempre arreglada, siempre maquillada, amable. Todo mentira. Estaba destruida absolutamente por dentro, si estaba hablando con alguien, ni me enteraba, ni me interesaba, yo estaba pensando en la “enfermedad de mi hijo”, si en ese momento mi obsesión, era que yo creía que tenía un bulto en la barbilla (bulto que yo veía, sólo yo,) cuando iba por la calle, hablaba con alguien, veía la tele, (miraba a los actores y las actrices, a cualquier persona que saliera, a través de la pantalla), miraba las barbillas de todo el mundo, para encontrar similitudes, convencerme de que mi hijo estaba sano y bien.

La gente ha llegado a quedarse mirándome por la calle, como diciendo ¿Qué mira esta?

Una lucha continua, segundo tras segundo, metida en una jaula donde cada vez se cierran más los barrotes. Una jaula que nadie nota, porque eres capaz de desempeñar tu día a día con total normalidad, yo siempre digo, que llevo una doble vida, la que dejo que se vea, la normal, y la mía interna, mi mente y yo, esa que casi nadie conoce…

En febrero de este año, conocí a Alejandro Ibarra, ahí empezó a cambiar mi vida poco a poco, no creo en Dios, pero alguien o algo me lo debió de cruzar en mi camino, porque gracias a él, ahora empiezo a ver la luz después de tanta negrura.

Martes tras martes me cito con él, su terapia (es tan distinta a los de más psicólogos), sus enseñanzas, su ánimo, su sonrisa que nunca desaparece…

Me ha enseñando a gestionar esos pensamientos, ahora tras estos meses, soy capaz de disfrutar de mi persona preferida, que es mi hijo, soy capaz de verlo a él, entero, de tener una conversación con él, sin estar pensando en esa parte de su cuerpo que yo creo enferma.

No necesito fijar mi mirada en ninguna parte de su ser, mi sonrisa no es inventada, mi hijo está sano, y yo cada día me lo creo un poco más.

Que felicidad es para mi poder desempeñar las cosas cotidianas de la vida, sin ningún pensamiento intrusivo y compulsivo en mi cabeza, sin tener esas conversaciones infinitas que mantenía continuamente ¡conmigo misma!

Dentro de poquito empiezo a distanciar mis visitas a la consulta cada quince días, ahora mi mayor miedo es recaer, mirar a mi hijo y descubrir algo nuevo que haga que todo vuelva a empezar, pero como le decía a Alejandro en mi ultima consulta, aunque esto ocurriera, no sería igual, nunca será igual, no volveré a sentir el sufrimiento de antes, porque ahora tengo las armas para combatirlo.

Me siento fuerte, con muchas ganas de vivir y disfrutar. Este trastorno, es algo muy malo que se apodera de nuestra mente y de nuestras vidas, pero no es invencible, si luchamos podemos con él, podemos salir de él.

También asisto a la terapia de grupo que Alejandro realiza, de verdad que os animo a todos a probarlo, es una experiencia única, conocer a personas que aunque tengan pensamientos muy distintos a los tuyos, sienten como tú, sufren como tú, porque nadie que no haya sufrido un TOC, sabrá jamás lo paralizante y el gran sufrimiento que ocasiona.

Te sientes comprendido y te das cuenta de que no estas solo en esta guerra tan silenciosa.

Como yo siempre le saco algo positivo a todo, os diré que mi TOC, me ha servido para valorar ahora más la vida, para dar gracias cuando soy capaz de vivir un día casi sin pensamientos malos, me llevo, a la gente que vas conociendo, las personas que compartieron terapia conmigo, en el grupo, aunque solo compartas un par de horas, les coges un gran cariño, y sobre todo, me llevo haber conocido a Alejandro, ¿Qué hubiera sido de mi sin el?, ¿Qué serian del resto de los pacientes sin él?, ¿Dónde estaríamos?

Alejandro, muchas muchas gracias por tu esfuerzo, por luchar día a día, por seguir formándote y formar a otros profesionales para que sepan mas de este problema que nos afecta a tantas personas en el mundo, y que no siempre se trata de una manera correcta.

Gracias por tu buen hacer, tu humanidad y tu cercanía, ya te lo dije en una ocasión, nunca tendré vida suficiente para agradecerte todo lo que has hecho y estás haciendo por mi.

Me has dado el mejor regalo que nadie podría haberme hecho en mi vida

“PODER MIRAR A MI HIJO, A ÉL, SIMPLEMENTE A ÉL, Y DISFRUTARLO”

GRACIAS

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PSINCO ALEJANDRO IBARRA- casos de éxito

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