Caso de éxito afectado recuperado de TOC de daño a otros desde Valencia

TOC daño a otros Psicólogo Alejandro Ibarra

Testimonio de afectado recuperado de TOC de daño a otros con terapia vía online desde Valencia

Hola a tod@s, mi nombre es Miguel, tengo 40 años y quiero hablar sobre mi experiencia con el TOC PURO.

Mi primera experiencia con el TOC empezó cuando tenía 18 años, de tipo Homosexual. Tuve una experiencia bastante desagradable de intento de abuso sexual. Ese episodio me marcó tanto que empecé a sentir una mezcla de sentimientos entre culpa, vergüenza y miedo, y de forma repentina comenzaron a surgir de mi mente pensamientos imperativos del tipo: “eres gay, por eso no dejas de pensar en lo que ha pasado”. 

Añadir que cuando tenía 8 años tuve también un episodio de abuso sexual en una ocasión, así que el coctel estaba servido para explotar en algún momento. Sin embargo, fue como si mi cerebro lo hubiera borrado de la memoria hasta que me pasó esa segunda vez.

Recuerdo a fuego el malestar que se apoderó de mi en aquellos días, que se alargó unos meses y como por arte de magia se fue desvaneciendo y jamás me molestó lo más mínimo hasta febrero de 2020, cuando volvió la obsesión con tanta fuerza que se llevó la alegría y la ilusión de vivir hasta hace muy poco.

 Aquí la obsesión volvió por un simple comentario sobre que “fulanito está divorciado con 2 hijos, ahora es gay”, algo de lo más normal pero que en mi caso fue un gol por toda la escuadra, lo interpreté como que “¿y quién me dice que yo no voy a acabar así?”. Y la simple idea encendió de nuevo la caja de los truenos que había estado ahí dormida, pero esta vez no hubo truco de magia alguno y el miedo, lejos de desaparecer, creció hasta transformarse en una gigantesca ola, desembocando en una insoportable ansiedad.

No voy a entrar en detalles, porque tod@s los que pasamos por esto sabemos el malestar que genera, sobre todo porque somos conscientes de lo irracional del tema, pero no hay manera de despegarnos de esos pensamientos, ideas, emociones… nos fusionamos tanto con ese miedo incomprensible que dejamos aparcada nuestra propia vida literalmente, la necesidad de NO TENER ESE PENSAMIENTO y la angustia que genera se convierte en una lucha diaria, porque creemos que la única vía para volver a sentirnos como antes es NO volver a tenerlos nunca más.

Mis compulsiones eran principalmente mentales; Reaseguraciónes, Comprobaciones (hasta tal punto de no poder mirar a un hombre sin analizar si físicamente podía sentir atracción), y por supuesto eternas Rumiaciones. Comencé a indagar tanto sobre el tema en internet que se convirtió en una adicción diaria, búsqueda de información para “tratar de dar con la respuesta que diera con la solución al problema”, sin saber que estaba alimentando más la obsesión, la solución que buscaba era, en sí, el núcleo del problema, clásico mecanismo del trastorno obsesivo.

 Al cabo del año descubrí que todo lo me que atormentaba tenía nombre y apellidos, consigo darle una explicación a lo que podía estar sucediendo en mi mente, pero eso sólo era un pequeño punto de partida, y decidí pedir ayuda profesional.

Empecé terapia con una psicóloga supuestamente especialista en TOC, pero lo único que hacía en las sesiones era aprender a relajarme y sólo me sirvió para empeorar paulatinamente. Yo ya conocía la existencia de la EPR por los videos de Alejandro Ibarra, pero no lo llamé en aquel momento porque prefería que la terapia fuera presencial.

Al poco tiempo la ansiedad aumentó tanto que a raíz de leer tanto acerca de los tipos de obsesiones que pueden haber se me quedó clavado el TOC DE DAÑO y LOCURA, y como mi mente ya estaba tan pegajosa me entró pánico de pensar en la posibilidad de perder el control y cometer un acto atroz con mis hijas, en un acto de enajenación mental, y es aquí cuando ya empieza el rock `n roll, el TOC se ensañaba con lo que más quiero, de manera surrealista el miedo a mí mismo aumentaba día a día, pasando por momentos que con palabras no podría ni siquiera describir.  La culpa que genera como padre de dos niñas es un auténtico infierno, tenía momentos que prefería no existir a seguir sufriendo esas sensaciones por mucho tiempo.

La duda constante en mi cabeza acerca de estar padeciendo esquizofrenia, Psicosis o si podría ser un psicópata sin escrúpulos ni arrepentimiento me generaba un miedo y culpa constante, porque, aunque si bien sabes de forma racional que es absurdo, no podía eliminar nunca esa sensación de duda e inseguridad que me mantenía en constante alerta.   

 Mi vida se convertía en una auténtica pesadilla, la tormenta se transformó en huracán, y yo estaba en medio sin entender nada de lo que me pasaba, la duda y el miedo controlaban mi vida incluso cuando dormía. Sentía que me había olvidado de cómo vivir mi propia vida, me costaba recordarme sin ese dolor permanente, como si hubiera perdido mi propia identidad y no conseguía recuperarla.

 Nunca dejé de trabajar a pesar de pasar 2 meses durmiendo 3 o 4 horas al día, nada recomendable si lo que necesitaba era tener buenos hábitos, descanso y mente despierta. El médico me recetó antidepresivo y tranquilizante, éstos te dejan flotando las primeras veces, pero ni de lejos resuelven el problema.

 La ansiedad parecía dar una tregua, pero el malestar que me producían los pensamientos y la sensación de vacío y el sufrimiento era tan insoportable que finalmente decidí contactar con Alejandro Ibarra. Inmediatamente me asignó quien ha sido mi guía y tesoro en todo este proceso, Vanesa. Desde el primer día me dio una caja de herramientas y yo me puse el mono de trabajo. Empezamos a trabajar la EPR y nos olvidamos de cuestiones analíticas sobre causas y todo aquello que NO SIRVIERA en la recuperación.

 A mí me costó un poco entender cómo había que hacer la EPR, pero tarde o temprano se aprende a dar en el blanco. Es un proceso, y como tal, necesita su tiempo, pero paso a paso empecé a notar cambios en mí y la mochila parecía llevar cada vez menos peso. Es sorprendente cómo funciona el cerebro cuando te expones a tus peores miedos, en forma de pensamiento, imagen, sensación, etc., ya que la clave es NO COMPULSIONAR, y en mi caso concreto, al tratarse de compulsiones o reaseguraciones mentales resultaba difícil al principio no responder ni contradecir a la propia obsesión, ya que mi mente lo hacía siempre de forma natural y repetitiva. Y cuando se trata de obsesiones irracionales, la emoción tan horrible que nos genera también acababa por convertirse en “otra obsesión”, a la que erróneamente me oponía y rechazaba, dándole así más fuerza y haciéndola real, deseando que no volviera aparecer, adoptando una conducta hipervigilante para comprobar si la obsesión seguía ahí. Este punto ha sido clave para escalar en la recuperación, y no es nada fácil, pero con mucha perseverancia, al aceptar que las emociones y los pensamientos puedan tener su sitio en el proceso sin rechazarlos ni oponerte, la mente empezará a desbloquear ciertos puntos que nos impedían avanzar.

Ha sido un duro trabajo de reeducación y desensibilización que conlleva su tiempo, pero como digo, paulatinamente empecé a recuperar la ilusión y a sentirme vivo otra vez.

El camino, como ya sabemos, no es recto ni fácil, ha habido muchas curvas y caídas, daba dos pasos adelante y otro para atrás, y cuando retrocedía, a veces eran muchos días seguidos de oscuridad, pero era constante en las exposiciones con la esperanza siempre de volver a ver la luz.   Al paso de los meses, las caídas empezaron a reducirse en número e intensidad, y los días buenos empezaban a durar más tiempo, ahí es cuando por fin ganas confianza y vuelves a creer en ti mismo, porque sabes que, a pesar de sufrir las embestidas, ahora tienes la brújula para volver al camino de nuevo y seguir.

Para mí ha sido fundamental la Aceptación y la Autocompasión junto con la EPR, aunque también me ha costado mucho incluirlas en mi proceso, no es algo que se aprenda de forma automática, y creo que encajan más cuando llevas unas cuantas horas de vuelo con la EPR.

 La Aceptación de la duda y la incertidumbre cuesta, pero es la clave para desenmascarar al miedo. Aunque suene complicado ayuda mucho “tratar de estar cómodo dentro de la incomodidad”, si consigues moverte en esas aguas le están dando al TOC donde le duele.

 Y la Autocompasión por uno mismo juega un papel enorme para sujetarme cuando me he encontrado en medio del huracán, mantener SIEMPRE la esperanza en la recuperación y en mis propios valores y en la persona que siempre he sido.

Espero que nuestros testimonios de lucha te puedan servir para reunir toda la fuerza y la ilusión por volver a vivir tu vida como te mereces. La recuperación de tu propio bienestar emocional es posible, mantén siempre la esperanza porque esto es una carrera de fondo, no tengas prisa por llegar a la meta, tienes todo el tiempo del mundo.

Considera las caídas una oportunidad para aprender y volver con más energía que nunca, que el camino continúa, porque te vas a levantar cada vez con más impulso que la anterior, y cuando mires atrás por momentos te emocionarás al sentir que ese Avatar que dominaba tu existencia se va haciendo más pequeño.

Quiero despedirme agradeciendo enormemente al grupo humano que formáis en PSINCO. Desde el día en que contacté con Alejandro empecé a creer que podía haber salida en este túnel, y a ti Vanesa, que apareciste en medio de la oscuridad para alumbrarme y ayudarme en todo este proceso, siempre tendrás un lugar único en mi vida, gracias de todo corazón por tu implicación y paciencia conmigo. Un abrazo enorme a todos.

A todos los afectados por el TOC, la recuperación está en nuestras manos, y depende sólo de nosotros, pero nos toca DAR TODO LO QUE TENEMOS PARA LUCHAR HASTA VENCER EL MIEDO.

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PSINCO ALEJANDRO IBARRA- casos de éxito

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