Testimonio paciente en tratamiento ROCD desde Asturias, España

TOC Amor Relacional Psicólogo Alejandro Ibarra

Testimonio de afectado recuperado de TOC Relacional con terapia online desde Asturias, España

Mi historia con el TOC de amor/ relacional
Hola a todos y a todas. El objetivo de este testimonio es el de poder ayudar a todas aquellas personas que están pasando por un momento más delicado de su vida. Tras haber sido dado de alta hace una semana, me gustaría comenzar a contar un poco de lo que para mi fue el origen de este trastorno en la forma como mi mente aprendió a funcionar con dudas.
Siempre he sido una persona feliz, y además de ello, confiada. En mi adolescencia he podido disfrutar de momentos maravillosos junto a mis amigos y amigas, y también junto a aquellas chicas con las que más intimaba. Cuando tenía 17 años, casi con 18, conocí a una chica que era mayor que yo (entonces tendría 24 años). Imagínate, ¿no? La ilusión que tenía y las ganas de ir a más crecían más rápido de lo normal. Esa chica era una persona muy desconfiada (apenas había tenido parejas) y poco a poco me fue transmitiendo una negatividad y una forma de ver la vida muy distinta a cómo yo la veía o quería ver.


Fue entonces cuando comencé una primera relación larga (apenas dos años), la cual fue verdaderamente tóxica. Sufrí algunos problemas de salud (ansiedad, acné quístico…) ya que me encontraba en una situación muy delicada: por un lado, todas las discusiones por tonterías con la chica; por otro, la situación que tenía en casa con mis padres ya que no soportaban que yo tuviera esa relación

. La chica, incluso, llegó a intentar ponerme en contra de mi familia ya que alegaba que no querían la relación por la diferencia de edad.
Recuerdo noches sin dormir, teniendo que ir a la universidad, por discusiones interminables. Parecía una película de terror. Cuestiones que con 18 años yo veía absurdas (ver una chica por la calle guapa y fijarme, querer dedicar mi tiempo libre a otras cosas…). Creó en mí una cierta dependencia y sobre todo una gran inseguridad. Dejé de lado todo lo que me gustaba hasta que, con el paso del tiempo, decidí poner tierra de por medio.


Pasé un tiempo solo (no mucho) y conocí a otra persona estando de Erasmus. Con ella comencé la casa por el tejado, pues vivíamos juntos desde el principio. Me abrí rápido a ella y le conté todo aquello que yo había vivido y sufrido. A los pocos meses comenzaron los problemas y, cuando me quise dar cuenta, volvía a estar en una relación totalmente insana. Recuerdo una noche que, tras ella no poder dormir porque le dolía el estómago, me arrojó (sin querer) agua ardiendo porque yo seguía durmiendo y no me había levantado a prepararle una infusión. Fue sin querer porque se le calló, pero la amenazaba estaba ahí.
Casi el mismo tiempo de duración que la otra relación, decidí dar el paso tras muchísimas humillaciones y afrontar la vida yo solo. Tenía apenas 22 años y comencé a vivir la vida de una manera mucho más intensa. Conocía a muchas chicas, salía mucho de fiesta y me importaba todo poquísimo. Digamos que tuve una etapa más rebelde. A los dos años, una noche cualquiera, conocí a una chica muy especial. La relación comenzó muy poco a poco, y las ganas de quedar y conocerse aumentaban con el paso de los días. Poco antes de conocerla, había estado intentando comenzar una relación con una amiga. Me llegué a obsesionar, a buscar cualquier aspecto negativo para preocuparme: si se había liado con otro, si no quedaba conmigo, si no me leía el mensaje…¡No me lo podía creer! ¿me había convertido en mis anteriores dos relaciones? Sabía que era insano, pero no lo podía controlar.

Esta última chica despertó en mí esas mariposas. Tras los primeros meses de incredibilidad por encontrar a alguien tan afín a mi, comenzaron las primeras dudas obsesivas. Las dudas iban relacionadas en torno a que yo a ella no le gustaba, a que quizás me acabaría dejando y a que quizás se iba a liar con otro chico porque yo no era suficiente.
Buscaba siempre algo a lo que agarrarme para desmentir ese pensamiento, incluso a destacar aquellos mensajes cariñosos para leerlos en mi cabeza siempre que lo necesitaba. Cuando quizás no podía quedar, me imaginaba lo peor. Y así estuve unos cuantos meses. Llegó la pandemia y, tras hacer muchas técnicas de relajación, mi mente se despejó bastante. Tras el confinamiento y, durante ese verano del 2020, las dudas habían desaparecido. Disfruté al máximo, como hacía mucho tiempo que no hacía. La relación iba camino de tres años cuando, un día cualquiera, surgió en mí una sensación rara asociada a un pensamiento: ¿y sí ya no siento lo mismo? ¿y si ya estoy acostumbrado a ella? Hemos hecho tantos planes ya que…¿y si me aburro? ¿va a ser siempre así?
Las dudas comenzaban a hacerse más grandes y ahora la pelota de la duda estaba en mi tejado (eran de mi hacia ella, no de ella hacia mi). Pasamos las navidades separados, y me dije a mí mismo: este tiempo me servirá para echarla de menos pero…¿y si no lo hago? Una noche de fiesta, con mucho alcohol de por medio, me junté con un amigo y dos chicas que conocía. La fiesta se alargó mucho y, con una de las dos chicas, tuve una conversación durante horas donde le expresé mi situación. Ella me decía que éramos muy jóvenes, que teníamos mucho que vivir…y finalmente le fui infiel. Me acosté con esa persona.
Esta situación desencadenó en mí mucha ansiedad, pues al momento de pasar me arrepentí mucho. No me podía creer que había hecho eso y le había fallado a la persona que, hasta la fecha, me había querido y respetado tanto. Tardé un mes en decirlo, porque intenté no darle importancia. Pero por mi forma de ser, quise arriesgarme a perder a la persona más importante de mi vida y serle sincero, que llevarme ese secreto conmigo a la tumba. Mi pareja decidió perdonarme, con todas las consecuencias, decidimos olvidarlo y salir adelante.
A los pocos meses me fui a vivir con ella. Las dudas obsesivas hacia ella cada vez eran mayores. No paraba de buscar respuestas, de compulsionar, de hecho, me apoyaba mucho de tests de amor (si quiero realmente a mi pareja), de compararme con otras parejas que había tenido, de realizar sesiones con un péndulo o las cartas del tarot. Todo aquello podía aliviarme por minutos u horas, pero luego todo volvía con mucha fuerza.
Comencé con un primer psicólogo, el cual me decía que tenía que apuntar las cosas que me pasaban para darle menos importancia. Además de decirme: ‘y a una mala si lo dejas no pasa nada, eres muy jóven. Y yo ya me he casado dos veces’. Evidentemente no me sirvió para nada, salía de la consulta peor de cómo entraba.
Más adelante, casi un año después, volví a buscar ayuda en otra especialista, la cuál pudo ayudarme algo pero poca cosa ya que los síntomas no dejaban de aparecer. Este año, 2023, buscando por internet (otra compulsión más) encontré un grupo de especialistas, como digo yo, muy especiales para mí. Ellos hablaban del TOC, el cuál yo tenía asumido que tenía que ser, ya que en varios vídeos o páginas me había sentido totalmente identificado con los síntomas.

Pero, más allá de eso, encontré varios casos de personas recuperadas tras haber experimentado un TOC llamado TOC de amor o relacional. Era tal cual me ocurría a mi.
Por entrar más en detalles, yo tenía muchos tipos de dudas que me entraban en la cabeza y que la única manera que tenía de aliviarme era a través de varios tipos de compulsiones. Entre las obsesiones estaban:
Rasgos físicos de mi pareja: su nariz, sus pechos.
Rasgos conductuales de mi pareja: su tono de voz a veces, el ruido al masticar la comida en la boca (cosas crujientes como las patatitas), que cantase en el coche cuando íbamos de viaje, que me abrazara a veces o me besara en la espalda… Comparación con otras parejas conocidas o no conocidas a través de las Redes sociales como Instagram.
Ver a una chica guapa por la calle e imaginar una vida en pareja con ella. Compararme con la ruptura de otras parejas (conocidas y no conocidas).
Pensar en que antes había mariposas y ahora ya no existía nada.
Anclarme en el ‘y si…’.
Pensar mucho en el futuro.
Imaginarme situaciones como tener un ‘gatillazo’ en las relaciones sexuales por acordarme de otra chica atractiva.
Querer sentir algo de cariño, motivación y no sentirlo (ley de efecto reverso).
No querer tener dudas o momentos malos y tenerlos (ley de efecto reverso).
La idea de alquilar o comprar un piso y estar soltero para hacer lo que quisiera…

Todas estas cosas y muchas más que se me escapan, aparecían en mi cabeza y se mantenían con una frecuencia muy ocasional, una intensidad enorme y una duración larga. Todo ello se resumía en que: ‘mi pareja ya no me gusta, debo dejarla y estar soltero’.


Rápidamente, tras ver varios vídeos de PSINCO Alejandro Ibarra y de pacientes que padecían los mismos síntomas y que estaban recuperados, decidí ponerme en contacto. Ese mismo día me contestaron y me asignaron a una de sus profesionales, en concreto a Mariela. Concretamos una primera sesión y empezamos a trabajar.
En la primera sesión, Mariela trató de empezar a estructurar mi cabeza y hacer la Jerarquía y poco a poco ir tratando cada uno de los síntomas que yo tenía. Lo primero que me sorprendió fue, que a partir de la segunda sesión, apenas me dejaba hablar. Íbamos directamente a trabajar todo el tiempo. Las primeras semanas trabajamos una vez por semana por videoconferencia. Poco a poco me daba cuenta de que, contarle lo que me pasaba, era verbalizar el pensamiento y por lo tanto hacerlo importante para mi, así que deje de hacerlo y enfocarme en la EPR.


Trabajamos con exposición en vivo, identificando el grado de malestar del 0 al 10. El primer día me aclaró que este tratamiento era el más efectivo pero el que más iba a costar ya que el propio TOC me iba a hacer dudar de mí mismo, de ella y de todo el proceso. Tenía que focalizar mi atención lo máximo posible. A las pocas sesiones, me descargué una aplicación para el móvil donde Mariela me programó exposiciones del pensamiento y en imaginación (de 20 minutos de duración) para que todos los días de la semana hiciera, al menos, una.

En las primeras exposiciones mi sensación de malestar era baja, lo cual me alegraba, pero me di cuenta de que lo estaba haciendo mal ya que en esas exposiciones tenía que centrarme lo máximo posible lo que estuviéramos trabajando y poco a poco comencé a realizar las exposiciones de mejor forma y a notar una mejoría. Como decía Mariela, a tener mejor calidad de vida. Comencé a retomar el gimnasio, algo que dejé de lado y que siempre hice ya que el deporte siempre viene muy bien tanto para la parte física como para la parte mental de cada persona. Me acuerdo de ver a chicas muy guapas en el gimnasio y apartar la mirada o imaginarme esa vida con ellas, era surrealista.
Pero bien cierto es que el TOC es algo que no tiene explicación pero parece tan real por la importancia que le damos a cada uno de esos pensamientos que nos llegan. Incluso llegué a pensar que realmente no tenía TOC sino que no quería enfrentarme a la situación de dejar a mi novia después de 5 años y reconocer que el amor se había acabado. Esa es su verdadera esencia, la esencia de un TOC: DUDAR de todo.


Una vez que fui mejorando las exposiciones en imaginación, Mariela me encaminó a realizar las exposiciones en vivo. Estas son las más difíciles ya que tienes que hacerlas en el momento que te llega (normalmente cuando estás con esa persona). Poco a poco me fui centrando hasta que mi cabeza un día hizo ‘click’, y pude comenzar a afrontar esos momentos en vivo de mejor manera: la mejor manera era mantener esa sensación unos segundos, sentir el malestar y dejar que se fuera sin hacer esfuerzo (volviendo a centrar mi atención en lo que estaba haciendo).


Finalmente Mariela me dio un par de técnicas para afrontar mi última etapa: se trata de ser observador de pensamientos de una forma fácil para mi: como si fueran nubes, como algo que aparece y se va. Pero ya no se mantiene.


Hace una semana me dieron el alta, tras 5 meses de terapia. Estoy muy agradecido. Además de que Mariela ha sido una grandísima profesional. He recuperado calidad de vida, sigo con mi pareja y siento que estoy muy enamorado de ella. Las dudas o los pensamientos no desaparecen, sino que la frecuencia-duración-intensidad se reduce muchísimo.
Gracias Mariela y Alejandro por toda la ayuda, lo hemos hecho muy bien juntos. Gracias de corazón.

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PSINCO ALEJANDRO IBARRA- casos de éxito

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