Si tienes trastorno obsesivo compulsivo, es posible que en algunos momentos sientas que tu mente repite siempre el mismo recorrido. Aparece un pensamiento, una imagen, una sensación o una duda que te genera malestar.
Entonces, intentas descubrir qué significa, asegurarte de que nada malo va a ocurrir o eliminar la incertidumbre. Para conseguirlo, realizas una compulsión y, durante unos instantes, parece que te quedas más tranquilo. Sin embargo, poco después surge otra duda. O vuelve la misma con más fuerza.
A todo esto se le llama ciclo del TOC. Y tener claro cómo funciona es clave para ayudarte a identificar conductas que quizá hasta ahora no reconocías como compulsiones. Especialmente cuando estas ocurren solo en tu mente.
A continuación, veremos cómo funciona el ciclo del TOC y qué ocurre en cada una de ellas.
Cómo funciona el ciclo del TOC
Antes de empezar, es importante aclarar algo. Y es que cuando hablamos de ciclo del TOC, no nos referimos a etapas independientes por las que todo el mundo pasa de forma estándar. Hablamos de un ciclo que puede repetirse muchas veces a lo largo del día.
Aunque el contenido de las obsesiones puede cambiar, el funcionamiento suele ser similar. De hecho, una persona puede pasar de tener miedo a la contaminación a dudar de sus sentimientos, su orientación sexual, sus decisiones o la posibilidad de hacer daño a alguien.
Si quieres comprender con mayor profundidad en qué consiste el trastorno, puedes consultar este contenido sobre qué es el TOC.
Obsesiones
La primera fase son las obsesiones. Estas se definen como pensamientos, imágenes, impulsos, sensaciones o dudas que aparecen de manera repetitiva y generan malestar. No son pensamientos que quieras tener ni reflejan tus deseos, intenciones o valores.
Pueden presentarse mediante preguntas como:
- ¿Y si he hecho daño a alguien sin darme cuenta?
- ¿Y si no quiero realmente a mi pareja?
- ¿Y si me contagio por haber tocado esto?
- ¿Cómo puedo estar completamente seguro de que he cerrado la puerta?
- ¿Y si este pensamiento significa algo sobre mí?
El problema no es únicamente que el pensamiento aparezca. Todas las personas tienen pensamientos intrusivos en algún momento.
La dificultad surge en la importancia que le das y en la necesidad de resolverlo. En lugar de dejarlo pasar, tu mente lo interpreta como una señal de peligro, una amenaza o una pregunta que debes responder con total seguridad.
A partir de ahí, pueden aparecer ansiedad, miedo, culpa, asco, vergüenza o una sensación de duda. También puedes tener la sensación de que las cosas no están del todo bien.
Compulsiones
El ciclo del TOC continúa con las compulsiones. Y es que ante el malestar provocado por la obsesión, es normal que quieras hacer algo para sentirte mejor. Y ahí aparecen. Una compulsión es una conducta física o mental que realizas para reducir la ansiedad, evitar una consecuencia temida o conseguir certeza.
Algunas compulsiones son:
- Lavarte las manos repetidamente.
- Comprobar varias veces una puerta, un electrodoméstico o un mensaje.
- Ordenar determinados objetos hasta que sientas que están bien.
- Repetir una acción un número concreto de veces.
- Preguntar a otras personas si creen que has hecho algo malo.
No obstante, también existen compulsiones mentales, como repasar una conversación una y otra vez o repetir palabras o frases mentalmente.
Igualmente puedes intentar evitar personas, lugares, objetos o situaciones que activan tus obsesiones. Aunque la evitación no siempre parece una compulsión, puede cumplir la misma función: reducir el malestar y alejarte de aquello que temes.
El problema es que cuanto más intentas conseguir una certeza absoluta, más preguntas aparecen.
Alivio temporal
Dentro del ciclo del TOC, es el turno del alivio temporal. Este llega después del malestar anterior. Tal vez te sientas más tranquilo, creas que has evitado el peligro o pienses que, por fin, has encontrado la respuesta que necesitabas.
Sin embargo, esta parte del ciclo del TOC puede resultar confusa. Si comprobar, preguntar, analizar o evitar te ayuda a sentirte mejor, es lógico que vuelvas a hacerlo la próxima vez que aparezca una obsesión.
Imagina, por ejemplo, que dudas sobre si has cerrado correctamente la puerta de casa. Regresas para comprobarlo y, al verla cerrada, la ansiedad baja. Y así te quedas tranquilo.
La próxima vez que aparezca la duda, sentirás de nuevo la necesidad de revisar la puerta. Incluso puede que una sola comprobación ya no sea suficiente y necesites mirarla varias veces, tocarla o hacer una fotografía.
También puede ocurrir con las compulsiones mentales. Si dedicas una hora a analizar si quieres a tu pareja y finalmente encuentras un argumento que te tranquiliza, tu mente aprende que necesita ese análisis para sentirse segura.
Retroalimentación negativa
Por último, encontramos la retroalimentación negativa. En el ciclo del TOC, esto permite entender por qué el ciclo se mantiene.
En psicología, este mecanismo se denomina refuerzo negativo. Esto no significa que la conducta sea mala ni que estés haciendo algo incorrecto de forma voluntaria.
Significa que una conducta se fortalece porque consigue eliminar o reducir momentáneamente una sensación desagradable.
Por ejemplo, imagina que aparece la duda de si has cerrado bien la puerta de casa. Esa duda te genera ansiedad, así que vuelves para comprobarlo. Cuando ves que está cerrada, sientes alivio.
En ese momento, tu mente aprende que comprobar la puerta ha sido lo que te ha permitido sentirte mejor. Por eso, la próxima vez que aparezca la misma duda, tendrás más necesidad de comprobarla de nuevo. Y este aprendizaje hace que el ciclo del TOC vuelva a empezar.
Cómo se puede romper el ciclo del TOC
Después de conocer el ciclo del TOC, muchos se preguntan si es posible romperlo. Y lo cierto es que aquí hay un error que conviene aclarar. Y es que no hay que evitar los pensamientos intrusivos.
Para romper el ciclo del TOC lo que hay que hacer es trabajar cómo respondes a ese pensamiento y reducir progresivamente las compulsiones que mantienen el problema.
En este sentido, una de las intervenciones empleadas para el TOC es la exposición con prevención de respuesta. Consiste, de manera planificada y progresiva, en exponerse a aquello que provoca miedo o incertidumbre sin realizar la compulsión habitual para reducir la ansiedad.
Por ejemplo, no se trata solo de enfrentarse a la duda de si la puerta está cerrada. También hay que trabajar para no volver a comprobarla, no pedir confirmación, no hacer una fotografía y no buscar mentalmente un recuerdo que proporcione seguridad.
Esto incluye prestar atención a las compulsiones encubiertas. Una persona puede dejar de comprobar físicamente la puerta, pero continuar repasando mentalmente cómo la cerró. En ese caso, la forma de la compulsión ha cambiado, pero el ciclo continúa funcionando.
Para terminar, hay que señalar que este proceso puede resultar difícil y debe adaptarse a las necesidades de cada persona. Por eso, es recomendable realizarlo con la ayuda de un psicólogo o un equipo especializado en trastorno obsesivo compulsivo.
Si es tu caso y crees que las obsesiones y las compulsiones están interfiriendo en tu día a día, un profesional te ayudará a comprender lo que te ocurre y comenzar a trabajar en tu recuperación.

